
Ya saben que no soy muy televisiva, pero en el canal Cuatro vi la temporada pasada, varios capítulos de unas familias españolas que se fueron a convivir durante un mes, con diferentes tribus, una de Namibia, y otra en plena jungla indonesia, de las demás ni me acuerdo, sé que las tribus Himba y Mentawai, fueron las que más me gustaron.
Este año lo han hecho al revés, esas dos tribus las han traído a España a vivir durante un mes con las mismas familias, y tratar de adaptarse a las costumbres nuestras.
Me he perdido algunos episodios, y aunque no estoy de acuerdo con todo lo que ha ocurrido, ya que pienso que el cambio es mucho más impactante para ellos, que para nosotros, la verdad me ha gustado, sobre todo porque los de las tribus nos han dado verdaderas lecciones, algunas, como para que se nos caiga la cara de vergüenza.
Ellos no entienden muchas cosas, que si nos paramos a pensar, tienen toda la razón, por ejemplo, que compramos muchas cosas que no sirven para nada, miraban y remiraban las figura de una hada, y se preguntaban para que servia. Que nos matamos para ponernos fuertes en un gimnasio, y no tenemos que salir a cazar, lo compramos todo preparado. Pero lo que a mí particularmente me emocionó, fue cuando paseando por Las Ramblas, asombrados con tantas casa lindas y enormes edificios, vieron a un hombre durmiendo en el suelo, se asustaron y preguntaron si estaba enfermo, le dijeron que no, que era un indigente, alguien sin casa. Ellos, los Mentawai decían que no podía ser, que había muchas casas, que nadie podía dormir en la calle con el frío que hacía, que eso no lo podían permitir los que tenían vivienda, se quedaron muy mal con lo que vieron, y anoche en la despedida, lo han vuelto a recordar.
Yo que me quedo mala cuando veo alguien durmiendo en un banco, pensé que tienen toda la razón del mundo, que debemos luchar porque nadie duerma al aire libre, exigir que se construyan más casas, o albergues, pero que unas personas maravillosas que viven en medio de la naturaleza, y que nosotros, los “civilizados” vemos como “salvajes”, que no sean ellos, los que con razón, piensen que los “salvajes” somos nosotros, por consentir que existan personas que por desgracia, aún vivan en la calle.






