
La Fábrica de sueños
Mientras espera que se caliente el té para la cena, abre la nevera, no se sorprende al verla tan vacía, en realidad, aparte de un pimiento, unos cuantos huevos, dos yogur y la botella de leche, lo demás brillaba por ausencia. Saca la leche, cierra la puerta y busca en la despensa una pequeña lata de atún, con eso se hará un bocadillo, comprueba que los pequeños estantes, también se empiezan a ver vacíos, no quiere amargarse, así que se abre la pequeña lata de atún, y la extiende sobre el pan. Ni siquiera una rodaja de tomate, ni una hoja de lechuga, que cena tan triste, piensa.
La actual crisis y el cierre de la empresa donde trabajó durante más de veinte años, le han cambiado su vida. A sus 45 años, ya no le es tan fácil encontrar empleo, y eso que cada día sale a buscar lo que sea. Termina su frugal cena y de nuevo deja la cocina en perfecto orden. Pasa al baño se lava los dientes y consulta el reloj, son la diez de la noche, piensa en ver algo de tele, pero se arrepiente, mejor acostarse y leer algo, noviembre está finalizando y ya se nota bastante frío.
Una vez acostada, con el libro en las manos, no pudo concentrarse en la lectura. Si no encuentra un trabajo a la mañana siguiente ¿Qué será de ella? Sus pocos ahorros han bajado mucho desde que se le acabó la ayuda del paro. Todavía es afortunada por tener el pequeño piso que heredó de sus padres, la única solución es alquilar una habitación, pero la casa es tan pequeña, perderá su intimidad, por eso no se decide, pero no le va ha quedar otra solución.
Sin darse cuenta, se queda dormida, y sueña, sueña algo maravilloso, que visita un lugar precioso, enorme, es una Fábrica de sueños, allí muchos niños a cual más lindo, sacan fotos, con unas extrañas cámaras, retratan los sueños de las personas, sus ilusiones, y luego las encierran en unas bolas, que lanzan por unos tubos largos, dorados, como si fueran de oro. Allí se respira felicidad por todas partes, y ella mira las bolas transparentes que los niños le enseñan antes de introducirlas por los tubos, se siente contenta al ver la cara de felicidad que las personas tenían mientras contemplaban una especie de papel pequeño en sus manos, y que ella no llega a ver con claridad que era. De pronto, una niña de trenzas rubias y gafitas, le enseña su bola y dentro con una cara radiante estaba ella, sí, ella estaba allí dentro feliz y contenta mientras apretaba contra su pecho, aquel trozo de papel.
Su propia risa la despertó, se quedó desconcertada al ver la luz encendida, y el libro a su lado, miró el despertador, eran las siete de la mañana, se sentó en la cama, tratando de recordar de lo que se reía, entonces poco a poco fue recordando su sueño. –Ojala que esa Fábrica de sueños existiera.- se dijo, aunque se preguntó que significaba aquel papelito que todos tenían en la mano.
No lo pensó más y se levantó, se fue derecha al baño, mientras se duchaba le pedía a Dios encontrar un trabajo de lo que fuera, de lo contrario, menudas navidades le esperan. Prepara la cafetera, y mientras aguarda que se haga el café, enciende una pequeña tele que siempre tuvo en su cocina, hace semanas que no la ve. Como siempre, hablan de la actual crisis, está a punto de apagarla, pero el programa termina, se vuelve para apagar la cafetera, pero una música muy suave y envolvente le hace girar la cabeza. En el televisor, unos niños caminan de noche con unos faroles en las manos, llevan unas gafas extrañas y con unas cámaras de fotos captan los momentos en que diferentes personas sueñan con algo que les hace ilusión. Se acercó lo más que pudo al pequeño televisor, entonces se dio cuenta que los papelitos, eran billetes de lotería, y que los niños, eran los mismo que ella había visto en su sueño. Cuando ve como tiran las bolas por los largos tubos dorados, piensa que se desmayará, ¿qué significa todo aquello? Es la primera vez que ve el anuncio, y el mismo termina con la voz de una niña que dice
–Si sueñas, lotería.
Cecilia no puede remediar lanzar un grito de asombro y alegría a la vez.
Su sueño era igual, sólo que ella acaba de ver el anuncio por vez primera. Corre a su dormitorio y saca la caja de madera, donde guarda sus pocos ahorros, los cuenta, no es mucho, lo justo par vivir un mes más, piensa que un billete de lotería cuesta como poco veinte euros, eso es mucho para el dinero que le queda, pero entonces recuerda con claridad su sueño, y se ve dentro de aquella bola feliz, apretando aquel trozo de papel. No lo piensa más saca el dinero y corre a vestirse. Mira el almanaque, es curioso, hoy es día 22, justo un mes antes de que se juegue la lotería, al mismo tiempo recuerda que es día de santa Cecilia, es decir, su santo, demasiadas casualidades, por otro lado a ella siempre le ha gustado soñar.
No le da más vueltas, tiene que ser un aviso desde el cielo, ella jamás tuvo premoniciones. Así que feliz y contenta sale a buscar la administración de lotería más cercana. Al cerrar la puerta de su casa, en ese momento sale su vecina, la cual se alegra mucho al verla.
-Cecilia, por favor, espera, iba a tu casa, la chica que trabaja en mi Mercería, va a estar de baja hasta pasado Reyes, te iba a decir si te interesaba el trabajo.
Cecilia por un momento piensa que sigue soñando, pero el tintineo de sus llaves, le dicen que no, que está despierta y su suerte va a cambiar desde hoy.
-Claro que me interesa, desde que quieras me incorporo.
-¿Puede ser hoy? Le pregunta su vecina.
-Desde luego, pero primero tengo que ir a comprar algo muy importante, a la vuelta ya me quedo en la Mercería.
Su vecina le dice que si mientras sonríe, y Cecilia baja saltando los peldaños de dos en dos, como si fuera uno de aquellos niños de la Fábrica de sueños, y es que a veces las ilusiones se pueden volver realidad, y mucho más si está cerca la Navidad.
Pepi Núñez 22/ 11/ 11
Mi pequeño homenaje a uno de los anuncios más hermosos que he visto a lo largo de mi vida, la Fábrica de sueños, anuncio de la Lotería del 2011
Hoy se juega la lotería, vamos a soñar, quizás mañana podamos realizar nuestros sueños. Suerte para todos, los que jueguen y los que no.
PD: Desde que lo escribí, lo tengo sin corregir, pero así y todo no me importa que lo lean.