
Anoche asistí a mi primera boda gay, conozco de tiempo a los contrayentes, por los cuales siento un especial cariño. Por mis arrechuchos me perdí la celebración, y casi hasta la boda, ya que justo una hora antes de salir, me dio una de mis temidas crisis de ansiedad, pero ni eso impidió que tan pronto se me pasara, hecha una birria me arreglara para ir a la ceremonia. Tengo que contar que quedé gratamente sorprendida, fue todo precioso. Nada parecido a la única ceremonia civil a la que asistí en un juzgado hace años, aquello no tardó ni cinco minutos. Esta fue preciosa, por la música que eligieron ellos, por el respeto, por la seriedad de la ceremonia, solo rota por palabras simpáticas de las dos amigas lectoras (una de ellas mi hija) la misma concejal que los casó, en representación del alcalde resultó encantadora. Mientras se leían artículos de la constitución, yo pensaba en Paco el amigo de mi padre, aquel hombre que tanto lloró en el patio de mi casa, sin comprender yo, una niña entonces, el por qué de sus lágrimas. También por mi cabeza pasó Lorca y tantos otros seres maravillosos a los que una sociedad hipócrita y absurda les arruinó su vida. Anoche y por primera vez en mi vida me sentí orgullosa de mi país (pese a la que está cayendo, pero ese es otro tema) Ellos salieron radiantes, felices, y yo sentí que en el aire flotaba esa palabra del diccionario que tanto me gusta y se llama LIBERTAD.
La música es en honor de ellos, ya que les gusta mucho. La foto es de la invitación y el recuerdo que dieron. Para G y A mis mejores deseos de felicidad junto a un beso enorme.