
Sé que vives, Señor, y yo te llamo
con las débiles voces de mi fé;
a ciegas voy para tocar Tu mano,
igual que siendo niña la toqué.
Ayer me vi perdida en la tormenta;
llegó la noche y se llevó mi calma;
busqué mi rumbo entre la lluvia, a tientas,
y amainó mi tifón rindiendo el alma.
Hoy me tienes, Señor, en tu regazo;
no preciso mirarte para verte;
mi río hacia Tu mar presto navega…
No imagino mi vida sin Tu abrazo;
dejo en Tu seno ya dormir mi suerte;
mi barca sin timón, remos ni vela.
Francis G. G. de su libro de poemas Luna de Otoño
Quería actualizar con algo que reflejara mi actual estado de ánimos, y creo que más o menos se ve en este hermoso poema de mi amiga Francis. Voy a estar un par de días descansando, si enciendo el ordenador, será para ordenar el correo que está atascado. No se alegren que vuelvo pronto. Besitos para todos.